domingo, noviembre 11, 2007

Californication.


Primeros minutos de una nueva serie: un coro celestial claramente reconocible (el que da la intro de You Can’t Always Get What You Want, de los Stones) precede a la irrupción de un convertible, de donde baja un tipo con pinta de recién entrado en sus 40, prácticamente viniendo de algún prendidísimo carrete de la noche anterior, y de seguro con caña del alma. Entra a una iglesia y deja el pucho en una fuente de agua. De inmediato, desafía a la imagen de Jesús crucificado con un “Ok, esto es entre tú y yo. Nunca habíamos hecho esto, pero tiempos desesperados piden medidas desesperadas”. Lo interrumpe una joven monja, a la cual le confiesa que está en crisis. Es un escritor y ha perdido la inspiración para escribir. Ella le ofrece dos soluciones: algunas oraciones o sexo oral. El confundido escritor en crisis, más confundido aún con semejante invitación, y tras ver que la joven monja ya se ha removido toda túnica posible y muestra todos sus atributos. El escritor acepta…. ¿está pasando de verdad o es tan sólo una fantasía?

Así parte la nueva serie que la cadena Showtime ofreció en el verano recién pasado en gringolandia, y que terminó la semana pasada (gracias a esa maravilla llamada torrent, la pude ver completa durante este fin de semana). Se llama Californication (sí, tal cual como el disco de los Red Hot Chili Peppers) y, con semejante primeros 2 minutos, podríamos pensar fácilmente que es una serie que sólo trata de sexo, de temáticas que ni siquiera se tocan en los medios y la exploración de los límites de la decencia que podría permitir una producción en TV pagada. Pero Californication no trata sobre sexo, sino con algo que da para pensar mucho y que lo tenemos tan obviado que nos parece normal: la eterna dualidad moral en que siempre ha estado la civilización occidental, con la modernización y la búsqueda de la felicidad malinterpretada como la satisfacción del aquí y ahora. Y la muestra de manera atrevida, irreverente, jugada y arriesgada en sus formas. No por nada, dicen que es de lo más pornográfico que se pueda ver por la TV, sin tener el premium.

Trailer...


Californication nos muestra la vida de Hank Moody (David Duchovny), un escritor que vive en Los Angeles, la Sin City que ha inspirado más de alguna notable canción que retrata estos mismos temas que la serie. Hank tiene bloque y no ha podido escribir ni siquiera una palabra en años. Su último libro publicado, una novela existencialista llamada God Hates Us All (sí, otra referencia rockera… tarea pa la casa) que fue adaptada al cine y convertida (más bien, destruida) en una mamona comedia romántica llamada Crazy little Thing Called Love, protagonizada por “Tom y Katie”.

Hank sabe que al hacer ese sucio trato con Hollywwod, su vida fue a la mierda. Trata desesperadamente de mantener contacto con la familia que perdió: su hija de 12 años y su ex novia, a punto de casarse. Hank está asqueado con su vida, con el cómo se le han dado las cosas. Se siente usado y decepcionado, buscando el placer y el adormecimiento. Y en eso se le va la vida, entre tanta mujer que se le cruza por delante, tanta juerga de la cual participar y tanta vida por tratar de re-orientar. El escritor sigue ahí, solo que dormido e imposibilitado de siquiera escribir tan solo una línea.

Hank Moody tiene mucho de un gran autor llamado Charles Bukowski, quien en verdad se llamaba Hank Charles Mukowski. Pero el Hank de Californication vendría a ser un Bukowski de clase alta, sin pasar las pellejerías por las que pasó Bukowski en la vida real. Recién fue famoso a los 50 años con su primera novela, previo haber pasado por pegas indignas y un empleo horriblemente rutinario en el correo. El Hank de Californication claramente no pasa por eso, pero los paralelos son bastantes: sexo, drogas y rocanrol. Alcohol hasta el cansancio. El desfile de chicas en la cama, sin ninguna posibilidad de exigir anda salvo un wen polvo y listo. El frenesí sexual no es más que una respuesta a la decepción y a la frustración; las cosas no resultan como uno creía y el mundo que una vez conociste como mundo se destroza.

Ese Los Angeles maldito que tanto odia Hank Moody es el mismo Los Angeles que ofrece un camino rápido al éxito con el intercambio de tu alma a sistema. Si lo consigues, te pierdes para siempre. Aunque no todo está perdido. En Californication también podemos ver el esfuerzo que hace Hank por salir de su asqueada vida. Sabe que necesita la salvación, y que esta viene de la mano de recuperar lo que antes tuvo. La serie, más que tratarse de sexo y desenfreno, trata de la búsqueda de la redención. Es una historia de amor, desencanto y búsqueda de segundas oportunidades. Hank Moody, con todas las diferencias que una ficción tiene de la realidad, representa a todos aquellos que lo han perdido todo en lo afectivo por el ritmo acelerado del éxito y la carretera descendiente.

El desenfreno que muestra Californication no es para escandalizar, sino que para graficar de manera coherente este tipo de vida, tan al filo en lo emocional y, a la vez, tan entrañable que nos hace necesariamente sentir empatía por lo que estamos viendo. Es como lo que pasa con Leaving Las Vegas: ese viaje hacia el infierno, con el anhelo de encontrar un milagro salvador que probablemente nunca llegue. Pero Hank sigue manteniendo la ilusión de recuperar lo que alguna vez dio por sentado, esa estabilidad tan cotidiana que le perdemos la importancia. Y eso siempre será interesante de ver en la pantalla.

1 comentario:

noesmasqueblabla dijo...

Me tincó, pero no puedo seguir perdiendo tiempo frente a la tele!