lunes, febrero 11, 2008

I'm Not There.


Queda exactamente un mes para la segunda visita a Chile del troesma Dylan, en el marco de su Neverending Tour, la misma que inició hace mucho tiempo y de la cual pareciera no cansarse nunca. Dylan, con 66 años y a punto de cumplir los 67, se mantiene más activo que nunca entre shows en vivo, vueltas por el mundo, programa de radio, memorias volcadas en crónicas y revisión generosa de su material en vida. Lo más reciente es un DVD con sus presentaciones filmadas del Newport Folk Festival, en un soberbio trabajo del realizador Murray Lerner, titulado apropiadamente The Other Side Of The Mirror. Lo único que faltaba era una biopic, género tan de moda por estos años de revisionismo a íconos culturales y populares.

Cuando se supo del proyecto de biopic sobre Dylan, no se sabía qué esperarse de él. Menos aún si el hombre a cargo de tamaño proyecto era el director Todd Haynes, conocido por su visión del glam en Velvet Goldmine y la tragedia tras la belleza en Far From Heaven. Haynes, fanático confeso de Dylan, retomó la vieja costumbre de hacerse cassettes compilados con canciones del troesma y, de a poco, haciéndose de cuanto bootleg pudo, desde la colección del Basement Tapes completa (el epítome del inédito) hasta los Bootleg Series que comenzó a sacar la Columbia a comienzos de los 90, con verdaderas joyas perdidas en el estante como Blind Willie McTell. Como todo dylanita, Haynes comenzó a darle su sentido personal al gran legado del troesma, elaborando una cada vez más compleja línea argumental.

El Trailer...


De a poco fue dándole forma al relato, pero la idea de Haynes llevó el concepto a otro lado, distinto al de una biopic promedio. Para Haynes, relatar la vida de Dylan de forma lineal no le haría justicia a su legado y lo más justo sería el poder retratar de manera efectiva esa característica tan evidente en Dylan: el cambiar constantemente, el nunca ser uno, sino que miles a la vez, ir mutando con los días, meses, años y eras. Es eso lo que Haynes quiso plasmar en I’m Not There. La película, era que no, está plagada de referencias al mundo (o mejor dicho, a los mundos) de Bob Dylan. Letras, personajes, períodos, citas. En I’m Not There, Haynes destruye la línea temporal y elige contar una historia desde la vereda de las vísceras en lugar de la lógica. I’m Not There privilegia el cambio de texturas y la multiplicidad de voces por sobre un único tono o un solo protagonista.

Y acá son seis: Un niño negro de 11 años llamado, al menos lo que dice él mismo, Woody Guthrie (Marcus Carl Franklin), la estrella folk Jack Rollins, que deja todo para convertirse en el pastor John (Christian Bale); el actor que interpretó a Rollins en la biopic Grain Of Sand, Robbie Clark (Heath Ledger, Q.E.P.D.); el joven y cuestionado poeta Arthur Rimbaud (Ben Whshaw); el ídolo folk que tomó la guitarra eléctrica y fue vapuleado, Jude Queen (Cate Blanchet); el forrajido que se retira al campo, Billy The Kid (Richard Gere). Esos son los Dylan de Haynes y a la vez no lo son. Cada uno de ellos representa ciertos aspectos de Bob Dylan, determinadas etapas, particulares fibras. Distintos personajes para tratar de construir a la persona, si poder lograrlo del todo. ¿Tiene que hacerlo?

Mientras la historia del Woody de 11 años recorriendo los Estados Unidos con la guitarra de palo al hombro está llena de colores y pod´ria ser de cualquier otro personaje, el Londres por el que Jude viaja de gira parece sacado de 8 1/ 2 del gran Fellini y es la sección que representa de manera más fiel el período del Dylan eléctrico, en gran parte gracias a la interpretación de Blanchet, digna de todos los premios de este año. A su vez, el tono de documental de la sección de Rollins y su forma casi caricaturesca de presentarse no tiene nada que ver con el ocaso de la relación de Robbie con su esposa (Charlotte Gainsbourg), con varios cortes del Blood On The Tracks de fondo, tan crudo que no se puede creer. El jóven poeta Rimbaud suena tan sabio como debe ser el forrajido Billy, quien huye de todo aquello que lo atormenta, del mundo acosador. Y ninguno de ellos es Dylan, no señores.

Otro trailer...


La presencia más evidente del legado del troesma en I’m Not There corre por cuenta de la música en la misma película, ya sea en las originales o en versiones correctamente realizadas por notables de la escena actual (Sonic Youth, Eddie Vedder, Jeff Tweedy, Yo La Tengo, Calexico, Jim James, la superbanda Million Dollar Bashers, etc), quienes cristalizan la esencia de las composiciones de Dylan. Pero el que más sorprende dentro del soundtrack es el mismo Dylan junto a The Band, en el track que da nombre a la película, y que había permanecido inédito hasta ahora.

Si no ubicas algunas referencias claves, I’m Not There te resultará incomprensible. Aún así, si conoces varios de los guiños, necesitarás ver la película una y otra vez. Yo voy por las 5 veces y se le disfruta siempre. Si la estrenasen en el cine acá en Chile, iría de todas maneras. Por mientras, me preparo para verla por sexta vez.

martes, febrero 05, 2008

Sobre Fother Muckers en vivo, rocanrol, disco y trabajo.


El fin de semana pasado fue sencillamente espectacular. Tocamos viernes y sábado, el viernes 1 acá en Santiago y el sábado 2 en San Carlos, con estadía hasta el domingo en la noche. El viaje fue de lujo y todo lo que involucró también. Es por eso que no puedo sino que partir este texto/volada agradeciendo a los cabros de la Saint Charles Town, nuestros incombustibles amigos de San Carlos, cuna de Violeta Parra y Ángeles Negros, quienes siempre nos han dado nada más que wenas vibras.

Poderosos, intensos, enérgicos. Me enorgullece poder ver que lo estamos logrando cada vez más: vamos convirtiéndonos cada vez más en un show en vivo digno de ver. En el caso específico del par de shows del fin de semana, una partida sin respiro con Los Ases Falsos y Fueron, un par de cobres como lo son Birthday de The Beatles ambos días, I Looked Away de Derek & The Dominos el viernes (por encargo) y I Fought The Law en clave The Clash (de puro gusto nomás), una triada de lujo de Aunque Todo Salió Mal (con sorpresa), La Culebra y Explorador (es la raja que canciones nuevas se mezclen con una del primer disco), momento sutil con Cajas y Paneles y cierre con Fuerza y Fortuna… así son los shows que me gusta tocar. Y lo mejor de todo es que la energía de esas primeras tocatas, cuando sonábamos mal y tocábamos pésimo, sigue ahí, pero ahora con la seguridad que el tiempo y el trabajo tanto en equipo como individual dan. Definitivamente, este cuarteto de Cristóbal – Héctor – Simón – Martín es todo un bólido de rocanrol en vivo.

Long Live Rock...


La foto es precisamente del show que dimos en el Bar de Marco el pasado 2 de febrero, ante un local lleno y cargado de rocanrol, partiendo por esos compilados que ponían de calados del rock clásico. Y debo reconocer que me encanta ver pegados a Black Sabbath, Ac/Dc, el Born To be Wild de Steppenwolf y tantos otros que se me han quedado grabados en la mente gracias a la exposición adolescente a radios de rock. El punto más alto era en cuarto medio, cuando funcionaba la etapa Rock y Guitarras de Radio Concierto, y la Futuro seguía dando el “mejor rock de todos los tiempos”. En días de personal estéreo con dial análogo, había que dar muchas vueltas a la perilla para ir de la Futuro a la Concierto y de la Concierto a la Futuro. Lamentablemente, en tiempos de listas de mp3ses y de descargas de discos en la que todos estamos inmersos, la radio pareciera importar cada vez menos. Realmente, ¿cuántos de nosotros seguimos escuchando radio religiosamente, si gracias a la tecnología podemos acceder de manera personalizada a lo que queramos? Hemos perdido la capacidad de asombro para sentarnos a disfrutar un wen disco; ahora sólo revisamos los archivos de una carpeta de mp3 y vemos si nos gusta o no. Es por eso que embarcarse en una empresa como la de editar un disco y lanzarlo tiene más de romántico que de práctico. ¿Quién chucha va a comprar un disco si ahora casi nadie lo hace?

Y nosotros lo estamos viviendo en carne propia todo esto. Recién hace menos de 2 semanas que el No Soy Uno está disponible en Feria Del Disco a un precio de … 9 mil pesos! (véanlo ustedes mismos acá: http://www.feriadeldisco.cl/cgi-bin/wspd_cgi.sh/WService=wsPFDD/MIXartista.htm?pr_partID=000000397908 ). Ya estamos dentro de la maquinaria, aunque no lo queramos. Desde el minuto en que decidimos grabar un disco para que la gente lo escuchase y después hacer un trato con un sello para distribuirlo, esto se transformó en un trabajo. En el mejor trabajo del mundo, obvio. Pero un trabajo con todo lo que conlleva.

¿Qué conlleva este trabajo? En primer lugar, tocar y toar mucho. Tocar como política de vida. Idealmente sin respiro, haciéndose una agenda nutrida de fechas. Aún no estamos en condiciones de decir que no a las opciones que tenemos para tocar en vivo, eso recién se logra con más tiempo de rodaje en vivo. En segundo lugar, no perder de vista el norte en cuanto a la creatividad se refiere, ir siempre más allá y mantener el bichito de la curiosidad como norma: en el momento en que se descubre una fórmula, se pierde el sentido de la vida. Tercero, y lo más odioso para muchos, las gestiones no-musicales: aunque se tenga manager y alguien que vele por tus intereses, hay que tener en cuenta que, sobretodo cuando se parte, no es recomendable cerrarse ventanas solo. Sé que es un fastidio, pero el ser llorón al respeto ni siquiera se asoma como solución. Hay que ir al frente nomás. Y, sobre todo, tener en claro qué quieres hacer. ¿Adónde queremos llevar todo esto? ¿A cuánta gente queremos llegar? En fin, ¿qué queremos con todo esto? Es importante tenerlo en claro.

Un ejemplo del trabajo: Fother Muckers en la tele...


Por mientras, a vivir febrero como un break. Recién en marzo volvemos al ruedo de shows en vivo. Ya les estaré avisando. Por mientras, si quieren conseguir el disco a tan sól 6 mil pesos, manden mail al fmuckers@gmail.com con el asunto “JULITO TE EXTRAÑO”. Teniendo a los primeros cincuenta inscrit@s, organizaremos algo para hacer entrega de los discos. Avisen nomás.

Nos vemos.

martes, enero 29, 2008

Amazing Journey: The Story Of The Who.


Tan solo fijándome en el material oficial disponible y en la cantidad de bootlegs de video que andan dando vueltas por ahí, puedo ver que prácticamente no hay grupo que haya hecho una tarea más rigurosa a la hora de registrarse como lo hizo (y sigue haciendo) The Who. Para introducirse en el maravilloso mundo de The Who, nada mejor que el documental antológico que realizó el fan Jeff Stein, que tiene por nombre The Kids Are Alright, y sobretodo en su edición en DVD ( http://www.fotolog.com/hecrock41/8571074 ).

A pesar de notables y sentidos trabajos (el especial de los 25 años de Tommy, el video de la caja de los 30 años de R&B y numerosas citas en muchas partes), no había habido un intento por contar la historia definitiva de The Who. Desde siempre se sabía de lo explayado y honesto que es Pete Townshend a la hora de hablar sobre su vida y los Who, al igual que su banmeit, Roger Daltrey. A pesar de la parida de Keith Moon y de John Entwhistle, con The Who siempre se sintió que no estaba todo dicho. Y la prueba de ello es su regreso, con tan sólo su mitad de Townshend / Daltrey, de gira por el mundo del 2006 en adelante, y con un soberbio disco como lo fue Endless Wire. Y ahí sí que se sintió la necesidad de plasmar en un relato definitivo su historia. Tanto de ellos como de sus fans. Esa fue la premisa para la esperada The Who Movie, que finalmente tuvo por título Amazing Journey: The Story Of The Who.

El primer trailer...


Murray Lerner, el realizador que documentó el festival de Newport y l de la Isla de Wight en 1970, capturó de manera única el glorioso set con el que The Who cerró una de esas jornadas. Y fue él el que, hace casi tres años, anunciaba en una página tan sencilla como thewhomovie.com que estaba en plena producción de la película definitiva sobre The Who. Y el asunto prometía, señores: los mismos productores del gran No Direction Home: Bob Dylan (los señores de Spitfire), entrevistas a músicos influenciados, sendas confesiones de Pete y Roger y archivo de John más acertadas cuñas de Keith. El relato prometía involucrar a los fanáticos en todo el proceso, y para ello Lerner invitó a los fanáticos, mediante un aviso en la página, a aportar con lo que tuviesen de material para el documental, lo que sea: rollos de películas de 8mm, cintas de VHS, autógrafos, discos de ediciones de colección, y todo lo que se les antojara. Hasta glorioso trailer tuvo el, en ese entonces, documental llamado “Who’s still Who”, que contenía unas imágenes de archivo que los fanáticos hemos buscado toda la vida.

Sin embargo, la fecha de lanzamiento seguía posponiéndose, todo para poder darle forma a la historia que se quería contar, además de poder ver con un poco más de calma el regreso de The Who a la escena activa, con disco y gira. Del otoño de 2006 pasó a mayo de 2007 y, finalmente, el material vio la luz al comenzar el mes de noviembre del año recién pasado, con un nuevo título y la configuración definitiva: 2 discos DVD, el primero con la película en sí, de dos horas exactas, con una edición y fotografía de lujo, como corresponde para repasar más de 40 años de trayectoria. La historia de The Who supera cualquier expectativa, entre choque de personalidades, evoluciones, genios creativos, competencia interna y pasión sobre el escenario. El relato nunca baja la guardia y siempre te sorprende, tanto como un wen disco doble de vinilo.

El trailer definitivo...


Y la película no se guarda absolutamente todo: con la franqueza que los ha caracterizado, los Who hablan sin tapujos de sus excesos, sus culpas, sus miedos, su visión de mundo, su visión sobre la vida en general, sus colisiones antológicas de egos desmedidos… y por supuesto, la música. Esa que el maestro Townshend llevó a niveles nunca aclanzados, ni tampoco comprendidos ni siquiera por sus banmeits. Uno de los puntos más emotivos es la confesión que hace Pete sobre lo importante que fue John Entwhistle en su vida, tanto como amigo, hermano y colaborador. O el ver cómo están llevándose los sobrevivientes, Townshend y Daltrey, que el destino dejó juntos a pesar de ser casi opuestos.

El segundo disco contiene seis cortos que dan forma a otro largometraje llamado Six Quick Ones. Cuatro cortos dedicados a cada integrante (con detalles hasta obsesivos en algunas ocasiones ocasiones), uno general y otro con el regreso de The Who al estudio en 2003 para registrar una canción nueva. Y por si fuera poco, otra sección llamada The Scrapbook, con aún más confesiones: la más sabrosa es la que se manda (era que no) Pete Townshend sobre la génesis de Won’t Get Fooled Again.

Si quieres encontrar material completo en vivo de The Who en Amazing Journey, mejor busca en otro lado, para eso están esas colecciones tanto oficiales como bootleggeras. Acá hay relato, confesiones, historia y testimonios. No sé si está disponible por estos lados, aunque sea para arriendo en alguno de esos milagrosos locales del centro. Pero para eso está internerd, ¿cierto? Para acercarnos verdaderas maravillas como esta.

martes, enero 22, 2008

Oz.


La primera vez que vi Oz por el HBO Olé (de ese entonces, obvio) fue en agosto de 1998, y fue el sexto capítulo de la primera temporada. Una serie como no había visto antes. Claro que después se vendrían las obras maestras de Los Soprano y Six Feet Under, pero aún faltaba tiempo para que eso funcionara, algunos años para ir puliendo el arte de contar historias de manera distinta a como te la cuentan por señal abierta. Y lo que vi en Oz me dejó pa’entro. Al menos en lo que a formato de series en tele se refiere, no había visto tanta crudeza en la pantalla.

Claro, ahora sabemos que es ya normal que los productos de ficción de HBO Entertainment nos sorprendan con tramas complejas, rudeza en el lenguaje usado y lo más crudo que te puedas imaginar tanto en trama como en estética. La gran ventaja del cable, en el fondo, es esa: no restringir el tipo de contenidos en lo que a drama se refiere, ampliando el rayado de cancha a lugares impensados hace tan poco como 15 años. ¿Y qué mejor partida que el contar las historias dentro de una cárcel de máxima seguridad? Oz comenzó lo que quedó cristalizado en la frase “it’s not TV, it’s HBO”, y eso siempre se agradecerá. Oz se atrevió a darle el puntapié inicial a una revolución en la ficción televisada que la sacó del sopor conservador en que se encontraba. ¿O quizás le pongo mucho?

Oz parte su relato en julio de 1997, apunando su foco a la llegada de nuevos internos a la Oswald Maximum Security Penitenciary a la inauguración de un nuevo concepto en prisiones en el bloque 5 del complejo: Emerald City (o Ciudad Esmeralda, como bien y literalmente lo traducían en los subtítulos del HBO), un concepto de “prisión perfecta”, en donde no existe la privacidad y el control es máximo, toda esa aparente privación extrema a cambio de maneras progresistas de reforma, casi como si fuese el futuro. Sin embargo, de a poco se va viendo que un concepto como el de Emerald City sólo puede funcionar en la ficción misma, y no en un retrato de la realidad. Entre medio, Oz va retratando con cierta fidelidad la crudeza y la miseria del sistema penitenciario gringo, sacando a relucir sobretodo la enorme diferencia racial a la hora de las sentencias y el trato en las cáceles gringas. Oz trata de ser una especie de espejo de esa realidad que no se muestra a diario.

El relato de Oz está construido como si fuese una tragedia griega, ocupando la estructura clásica de un narrador que, en su omnipresencia, va guiando a la audiencia en las emociones y las reflexiones a considerar en cada episodio. El narrador en Oz no recurre tanto a metáforas, sino que a una reconstrucción de los mitos y una nueva y fresca perspectiva para tratar temas universales. El narrador, de hecho, es uno de los mismos internos, Augustus Hill (Harold Perrineau, el Michael de Lost), un reo paralítico, ex traficante y ex adicto que cumple una condena perpetua por matar a un policía. Fuera de su desarrollo de personaje, es Hill el que nos va conduciendo y orientando dentro de la dinámica carcelera en la penitenciaría de Oswald. Hill se convierte en la voz de la conciencia en este mundo corrupto, la voz de la decepción y de alguien que mira las cosas desde otro prisma, el de la privación. Hill también nos va presentando a cada nuevo interno en Oz, con su número de prisionero, su delito y su condena. Y hay de todo, señores.

Oz no le teme a ningún tema y los trata con una naturalidad que en un principio choca. Abusos, guerras raciales, drogas por doquier, violaciones, sodomía, conflictos étnicos y religiosos, corrupción política y administrativa, conflictos de visiones entre los mismos funcionarios de la prisión, y un largo etcétera que no vale la pena enumerar si quieren ver la serie. Así como tampoco referirse al universo de personajes que pueblan el universo de la prisión, para eso hay sitios web a los cuales ir, partiendo por el oficial, http://www.hbo.com/oz , donde hay galerías de personajes, defunciones y una completa guía de episodios.

Luego del impacto inicial, Oz pulió su mano en las segunda y tercera temporada, estableciéndose como un antes y un después dentro de la tv de ficción. Sin embargo, la misma riqueza de personajes empezó a conspirar contra la frescura de su universo descarnado. Los dramas cuidadosamente reflejados al comienzo derivaron en dramones así de teleserie. De hecho, el apodo de “teleserie para hombres” que le pusieron a la serie se justificaba plenamente en su segunda mitad. Y, como bien sabemos, una teleserie es sumamente adictiva.

Si la quieren ver (o volver a ver), el cable ya no es opción. Su sexta temporada fue emitida acá a mediados de 2003 y no la han vuelto a dar desde entonces. Sin embargo, gracias a eso que conocemos como DVD, podemos tener acceso a la serie completa, sus seis temporadas, en una veintena de discos. Y también, gracias a san internerd, podemos bajarlas por torrent y encontrar los subtítulos. Elija el método que más le convenga para introducirse en el universo de Oz.

domingo, enero 13, 2008

"Love And Theft"


Se suponía que “Love And Theft” del troesma Dylan, con su lanzamiento fichado para el martes 11 de septiembre de 2001, consagraría el wen momento del supuesto “revitalizamiento” de su carrera, tras el múltiple ganador que fue el Time Out Of Mind. Pero los hechos ocurridos ese día dejaron todo lo relacionado a la normalidad relegado. Era que no. Incluso el troesma dedicó algunas palabras para lo ocurrido. Su frágil semblante, en ese entonces con 60 años recién cumplidos y n prominente bigote fino, todo en blanco y negro, bastaban para la portada de este “Love And Theft”, un disco que toma una notoria distancia de su exitoso predecesor: a pesar de pertenecer a una trilogía perfecta, este se sale de su tiempo y espacio.

A simple vista, pareciera que mantiene el espíritu de ese gran Time Out Of Mind, pero Dylan acá deja un poco de lado el tono atmosférico que inundaba el anterior para adentrarse en el origen de todo. En las raíces de todo lo que nosotros escuchamos, casi como si el mantener vivas las raíces fuese una misión de toda la vida. El ser un folclorista rescatista, tal como lo fue en vida su ídolo Woody Guthrie, Dylan pareciera sentirlo más que nunca ahora en la vejez. Y se le ve cómodo, con una banda que lo acompaña unas trescientas veces al año tocando por el mundo en una Neverending Tour (la misma que, y mejor que mantenga los dedos cruzados, lo traería de vuelta a nuestro país en marzo de este año), la mejor que ha tenido según él mismo. Al menos, la más sólida y fiel a sus andanzas por el mundo. En los shows, la banda suena como si llevara toda una vida con el trovador americano. Y para esta ocasión, el troesma se envuelve en el ragtime, el rockabilly, el rocanrol más viejo, el vaudeville, el ragtime, el country, el blues eléctrico tipo Chicago, la música de los años 20 y 30... en fin, las raíces de todo, pasadas por un prisma de siglo XXI que nadie más que él puede canalizar.

Promo para "Love And Theft"...


Las 12 canciones que conforman este Love And Theft hablan por sí solas, partiendo por esa delirante e hipnótica Tweedle Dee & Tweedle Dum, la que sirvió para musicalizar ese breve pero magnífico promo de un poco más de 30 segundos para el disco, donde vemos a Dylan jugando al póker con luminarias del juego y mirando desafiante a su competencia. Después, una vieja conocida para los fanáticos acérrimos, pero inédita en un disco, Mississippi, en clave estándar de Do y una letra confesional de alguien que recorre y recorre con el corazón roto este mundo olvidado de Dios. La melancolía da paso a una subida de tempo en Summer Days, el primer single con el que conocimos este disco, un tema festivo en donde Dylan quiere irse a donde estén pasando cosas, no quedarse en la monotonía. La siguiente es Bye And Bye, que recuerda a la clásica Blue Moon, aunque seamos sinceros: las canciones vienen de un mismo lado, y da lo mismo si se parecen.

En Lonesome Day Blues, el troesma comanda con fuerza a una banda sólida que afirma el blues a su antojo, con la misma furia que en el Highway 61. Los violines y las cuerdas traen otra atmósfera para la vibrante y calma Floater (Too Much To Ask), grabadas tal como si estuviésemos en los 400 o 50, con grandes bandas de crooners tipo Frank Sinatra o Dean Martin, mencionando una montonera de personajes y situaciones. En High Water (For Charlie Patton), el troesma le rinde homenaje al icono del country blues del Delta, el gran Charlie Patton, metiendo elementos campestres como banjos y acordeones, y manteniendo una naturaleza eminentemente acústica. Las aguas se calman con la dulcesísima Moonlight y sus aún más dulces versos que, aún tratando con la desventura del desamor, mantienen un tono de melancolía que te conmueven cada vez que la escuchas.

Lo que sigue es dinamita pura, un caladísimo Honest With Me, en la que el troesma desafía a la persona destinataria de los dardos, es raro ver una letra que demande más que ruegue, y Dylan lo logra con una soltura que no tiene nadie más, afirmado de una base sólida y dura en guitarras y electricidad de la más primitiva. Después, una historia casi sacada de comienzos del siglo pasado, en Po’ Boy, la primera canción de este disco que pude escuchar (recuerdo que estaba puesta en su sitio web y la pude bajar, rayé un montón con ella en esos días), un relato de desdicha familiar y de consuelo en el beso de ella, la musa inspiradora.

Cry A While en los Grammys 2002...


El shuffle invade los parlantes con la poderosa Cry A While, que el troesma interpretó en los Grammys del 2002, en un escenario minimalista y lleno de sombras, casi como proyectando su espíritu en esas telas tipo paredes. Para cerrar, una dulzura atemporal como es Sugar Baby, donde la presencia de esa sólida y jugada banda que acompaña a Dylan se hace apenas notar, casi susurrando frente a la imponente y a la vez sutil presencia del troesma, creando una bella atmósfera a un disco que se sale de su tiempo y que nos lleva a lugares que siempre han estado ahí, pero que no sabemos cómo alcanzar. Y Dylan nos muestra cómo hacerlo.

viernes, enero 04, 2008

Sobre autopistas al infierno, escaleras al cielo y comunicar-se.


Puta que ha hecho calor acá en Santiago. Y eso que a mí me encanta mi ciudad natal, donde primero abrí mis ojos, donde me crié y donde he desarrollado mis habilidades y mis no-habildades. Pero donde peor se pasa es en verano acá. Maldita cuenca encerrada, sin aire casi, entre cerros que ni siquiera podemos apreciar por el puto smog al que contribuimos todos incluso con el humo del cigarro que aspiramos. Pero se hace tolerable en la sombra, esa sombra de copa de árbol que de repente se puede encontrar perdida por ahí.

No creo que añore el invierno, no señor. Por ahora, no podría citar al viejo y querido Neil Young y su gran y emotiva Winterlong, que estoy escuchando ahora. Esa versión en vivo del Filmore East, junto con los Crazy Horse, es sencillamente conmovedora, cruda, intensa y llena de alma. ¿Qué mierda importa que se desafinen, cuando lo que transmiten es verdad pura’ Estos puristas de repente pierden el norte de todo. El mismo norte que uno pierde entrando por el dulce camino de la carretera de la decadencia, esa dulce carretera del descuido y del desparpajo. Por cierto, hay que vivirlo.

I've waited for you, winterlong...


Pero el organismo a veces lo frena a uno, casi como si tuviese diecisiete. Cuando, según la Janis Ian, se aprende la verdad de que el amor estaba hecho para las minas ricas populares, las porristas, y no para el resto, que carecían de gracia social y que inventaban amantes al teléfono que les dijesen “ven, baila conmigo”, así le parecían los diecisiete a ella. Claro que ella es gringa, y ellos tienen ese rollo más cuático, al parecer. Acá lo que nos mata es esto de los colegios de un mismo genre o género. Lo típico que se ve acá: el colegio de hombres o de mujeres. Es LO PEOR del mundo, no se aprende a compartir con el sexo opuesto y genera trancas brígidas en la vida post-adolescente, cuando se entra al mundo real, donde hombres y mujeres comparten todo el rato como personas normales. Y los que salimos de colegio e hombres (en nuestro caso), tenemos ataos pa sociabilizar con las mujeres recién salidos del colegio.

At Seventeen...


Y pensar que Pete Townshend hizo más de una canción sobre el tema. Él sí que sabía de esto. Sabía de tener todas las de perder con las minas. Según cuenta en una anécdota, en aquellos primeros días en que se juntaban con John Entwhistle y Roger Daltrey para compartir de música, una hermosa chica se le acercó. Según él, la chica más bella que haya visto en su vida. Y se le acercaba a hablarle directamente. “Oye, ¿te juntas con Roger, cierto?”, le pregunta mientras él la contempla embelesado, pero muy tímido como para responderle con seguridad; apenas un gesto con la cabeza haciéndole saber que la respuesta es sí. “Dile que ya esto es mucho y que escoja: o la banda o yo!!”, le responde esta chica, se da media vuelta y se va. A Pete le daba rabia la actitud displicente de Roger. “Si yo hubiese estado en su lugar, hubiese mandado a la chucha a la banda por esa chica”, dijo pa concluir el relato.

I Can't Explain...


El que siempre componía feliz era James Paul, el Sir McCartney. Paul siempre le ha escrito al amor de una manera casi inocente al principio, feliz y consagrado después, y maduro entrando a la tercera edad. Está bien, de repente puede caer con más frecuencia que la deseada en la melosidad paupérrima, en las Silla Love Songs de las que él mismo se rió a tiempo. Pero le creo a McCartney, y para que se le pueda creer a alguien tiene que haber verdad en lo que diga. Y Paul es de los pocos bienintencionados que van quedando. Que mal que el año pasado haya salido más en tabloides indecentes que en publicaciones de música, pero no es tan su culpa, sólo algo que le tocó. Ojalá retome el wen camino, eso sí. El Memory Almost Full es muy mediocre, demasiado mediocre pa Sir Paul.

Dance Tonight...


El Cold Turkey es una mierda. Lo estoy viviendo en carne propia. Me propuse un re-ordenamiento para este año y me lo he tomado muy pero muy en serio. Adiós a la decadencia prematura que estaba luciendo ahora último. Tanta juerga, tanto cóctel, tanta weaita junta, tanto beber gratis, tanto consumir, tanto desorden, tanto antojo… todo eso al final pasa la cuenta de la peor manera. Mejor prevenir eso. ¿O mejor entregarse a los placeres de la carretera al infierno? Se pasa bien, eso lo sé. Y lo dan por firmado muchísimos antes que yo. Respeto a Bukowski por eso. Vean Leaving Las Vegas, ahí el dolor y la muerte cobran otro sentido. No sé, esa carretera al infierno de repente se ve dulce.

Escalera al cielo, autopista al infierno. ¿Led Zeppelín o Ac/Dc? Ambos son indispensables. Ambos son la raja. Ambos han sido parte de la formación. Ambos han caído en excesos. Unos volvieron casi en un suspiro, y los otros nunca se han ido, aunque parezca otra cosa. “Dicen que el rock ha muerto, larga vida al rock”, cantaba Pete en el umbral de la perdición. Los Doobie Brothers nos dicen que escuchemos la música; a veces se nos olvida hacer algo tan sencillo como eso. Y Derek And The Dominos emocionan con ese épico Layla, la que hace sufrir. Y sigue y sigue.

domingo, diciembre 30, 2007

Sobre escribir, libros, inspiración y escribir un libro.


Me dan ganas de escribir un libro. En verdad, no es de ahora ese antojo si se le quiere decir, sino que de antes. Como salí de un cuarto medio matemático del Instituto Nacional, no tengo mucho hábito de leer en cantidades enormes libros. Leo mucho, sí. Diarios, artículos, revistas, escritos y demases. Pero quisiera tener una mejor costumbre de tomar libros y leerlos como el pulento manda.

¿Costara mucho el escribir un libro si yo no tengo, por decirlo de alguna manera, pasta de integrante de club de lectores? Me llaman la atención esos grupos, gente que se junta a comentar los libros que se encomiendan leer, y no puedo evitar acordare de un capítulo de Seinfeld donde el canalla de George Costanza, para engrupirse a una mina, se integra a uno de esos clubes de lectores, y el muy barsa se ve la película del libro que le encomendaron! Obviamente, esa idea no se me ha pasado por la cabeza, aunque sí más de una vez se recurre a los siempre fieles resúmenes. Es que leer toneladas de materia FOME y de teoría inutilizable afecta hasta al más devoto de las palabras puestas en hojas. ¿O acaso hay alguien que disfrute de leer teoría? No es un buen panorama, creo humildemente yo.

Don Quijote me sigue emocionando, ahí está todo lo que necesitamos saber sobre la moral, la ética, los sueños y la realidad; un relato que yo, milagrosamente, agarré de chico, ero que recién en tercero medio lo mandaron a evaluar. Aunque también hubo otros grandes libros con los que me topé ahí. Recuerdo que, en séptimo básico, leí el libraco de La Cabaña Del Tío Tom, que me dejó impactado. Imagínense, yo a los 12 años era un niñito muy correctito en sus formas, un caballero que no se peleaba con nadie y que le costaba enormemente integrarse a grupos. Y me topo con una historia de reivindicación y de sufrimiento racial brígida. También nos hacían leer la saga de Las Crónicas de Narnia, pero nunca me interesaron mucho. Sí me deslumbraban las historias sórdidas del gran Edgar Allan Poe y el maravilloso Crónicas Marcianas, del maestro Ray Bradbury. Ese sí que me encantó, y es un clásico de todos los tiempos. Puta que wen relato ese! Ahora que lo recuerdo, en la prueba me jui en volá y no me fue tan bien. ¿Qué saben los profes de inspiración literaria?

Mientras mis compañeros en el colegio se dedicaban a tirarse cáscaras de naranja, hacer que tocaban guitarra (los clásicos de Hotel California y algunas tonadas de Metallica, entre otros pocos) y las clásicas pichangas, yo me abstraía de la realidad con mi Walkman (se me cayó el carnet :p) con los cassettes de The Beatle sque estaba coleccionando, y ese cebollento pero atrayente relato del The Love Yu Make: An Insider’s Story Of The Beatles, o como lo conocí en español, Los Beatles: Una Historia Confidencial, del contador de la NEMS Meter Brown, quien fue inmortalizado en la letra de The Ballad Of John And Yoko (tarea pa la casa, encuentren la línea donde sale mencionado), junto con el periodista Peter Gaines. El libro está más bien documentado que la chucha, y es uno de los primeros intentos serios después de la biografía oficial que publicó Hunter Davies en 1968. Leí ese libro más de 2 veces, lo aseguro. M entretenía caleta. Más encima, pillé que casi todas las referencias bibliográficas que armaron el mega especial de la Rock & Pop Ruido De Liverpool (conducido por Iván Valenzuela y que duró siete apoteósicas jornadas de material oficial, inédito y de busquilla freak máximo) venían de ese libraco. Un esencial para la lectura rosa-escandalosa sobre músicos ídolos.

Igual me dan ganas de escribir un libro, pero aún no sé de qué mierda hacerlo. ¿Y si me baso en mi experiencia de vida para hacer un relato lúdico-afectivo? Bien sé que la propia vida es la mejor de las fuentes de inspiración para armar cualquier tipo de relato, pero ¿no será muy autorreferente? ¿Y qué mierda importa que lo sea? Claro que me gustaría no ser tan directo y usar metáforas. Tengo que crearlas y darles forma. Hace uso 4 años, ella me había dicho que sería la raja hacerlo, pero después me arrepentí. Ahora me dan ganas de retomar esa idea.

O mejor aún, escribir un libro sobre las mujeres de mi vida. Me encantan las mujeres (algunas palabras para ellas acá: http://www.fotolog.com/hecrock41/8966723 ) y me gustaría dedicarle palabras a las que han pasado por mi vida. A las que he amado, a mis amigas queridas, a las que me han inspirado. Demás que ese sería un libro demasiado emocional, pero sé que se puede escribir de una manera que no sea melosa ni mamona. Es difícil, pero se puede. Con lo enamoradizo que soy yo, tengo inspiración, eso lo sé. Pero hay que encausarla para lograr el objetivo de inmortalizarla, y eso cuesta. Un maestro en eso fue Brian Wilson, y esa preciosa Caroline No, que cierra el Pet Sounds. Escúchenla con atención, es el tremendo mensaje directo, pareciera que le está mandando incluso.

¿Escribamos un libro? Escribamos un libro. ¿De qué? No lo sé aún. ¿Alguna idea? Los escucho. Más bien, los leo.

domingo, diciembre 23, 2007

Sobre Fother Muckers y los últimos shows del año.


Ahora que termina el año, sólo dan ganas de re-novarse un poco. De re-setearse re-plantearse, re-habituarse y re-ordenarse. Sobretodo el re-ordenarse. El ritmo acelerado nos deja como saldo pésimos hábitos alimenticios y de sueño, que combinados entre sí, pueden ser tu pasaje seguro al colapso nervioso. Las pastillas ya no sirven. La yerba ya no hace efecto. La coca puede que te deje más duro de lo que quieres. El trago te lleva del relajo a la catarsis y al hastío casi como un segundo. Como que todos e hace más soportable con un par de piscolas o un par de whiskachos en el cuerpo, eso dicen. Y, a veces, tienen razón.

Todo eso ayuda a que los ciclos normales del cuerpo se flexibilicen. El café nos ayuda a mantenernos despiertos. El copete, también a mantenernos despiertos, pero jugoseajndo. Como que se convierten en herramientas para combatir los espíritus nocturnos que te quieren derrotar en el sueño o en el colapso. Son armas con las que los combatimos como podemos, algunos mejor que otros. ¿Fumar? Claro que sí. ¿Bajarse cervezas? Por supuesto. Todo está permitido en la sobrevivencia en la noche, la misma que mis viejos no ven con wenos ojos. Los entiendo, de todas maneras.

Y los auténticos Fother Muckers… ayer salimos en la tele. Sí, en la tele. En el cable. En ViaX nos invitaron al Canal Copano Elige a hacer una presentación ahí, junto a los Teleradio Donoso. Debido a lo jodido que resulta producir el sonido en vivo pa al tele, y al poco tiempo disponible para hacerlo bien, había que hacer como que tocábamos. O sea, un cerdo playback. Nosotros no queríamos, peor había que hacerlo nomás. Y se nos ocurrió una idea demoledora: que alguien más hiciera que cantara por nosotros. Si lo vieron ayer (y en el par de repeticiones de hoy), pudieron ver cómo un niño hacía la voz del Pihuelo. Y funcionó! Fue una wena idea y todo anduvo de maravillas. Bonito debut en tele. Sería la raja verlo YouTube-ado. Si alguien lo ha visto, avise.

Esa foto es del show en la SCD, de septiembre pasado. Lo sé por el parche de bombo de la batería que dice “hola mamá” es de la batería de Carola, la chica que toca batería en D´Mulut, la banda de chicas que os invitaron a cerrarles el show ese viernes 14 de septiembre, día en que, de puro calientes, sacamos en el ensayo de la mañana la clasiquísima I Fought The Law, en la prueba de sonido la seguimos ensayando, y en la noche la debutamos con gracia y garra. La misma garra y gracia que tratamos de mostrar en ese show maravilloso del cual fuimos parte el jueves por la mañana, en la cárcel. Sí, nuevamente la hicimos, pero esta vez en calidad pro. Con sonidista (un saludo pa Felipe, eres un grande!!!) y mucha gente ayudando. En cosa de minutos, todo armado, listo para dar un show que preparamos especialmente para la ocasión. Weno, no era tan distinto a lo que hacemos siempre, solo que ahora le llevaría más cobres.

Y pasa el público a llenar el par de galerías que había. Y tocamos. Y tocamos. Y tocamos. Y aplauden. Y se ve que les gusta. Y hacemos cobres que los presos cachan de una. Y los presos ovacionan las referencias populares. Y saltamos. Y gritamos. Y hacemos duelos de guitarra. Y nos aplauden a rabiar (demás que parte de esa respuesta es para salir de la rutina del encierro, pero igual se nota cuando es una respuesta genuina). Y nos piden un bis, gritan “otra! Otra! Otra!” insistentemente. Y les damos un bis. Y nos piden otro. Y les damos otro. Y el Bozz se dirige a la guitarra para hacer un solo con los dientes. Y yo lo tiro contra el suelo. Y veo que hay sangre en la cápsula. Y dejamos la cagá con Héctor. Y la audiencia aplaude. Y escuchamos al grabación saturada que quedó. Y salimos todos juntos pa una foto que aún no veo. Y nos vamos de Santiago 1 satisfechos, pensando en recuperar energías para la noche, tenemos show en el Bar Onaciú, el mismo donde tocamos un jueves 19 de abril, la primera fecha con Marto en la batería. Esta vez, Marto tiene que tocar con Teleradio en otra parte. Tocaremos con Gonzi en el Onaciú.

Y en la noche se vino el último show del año. Y sonó bien, muy bien en verdad, pero el público no se volvía loco, sólo escuchaba atentamente y aplaudía cortésmente, como si estuviésemos en un salón. Y Viaje De Regreso salió espectacular, ahora sí que está sonando como corresponde. Y Explorador me conmueve y me dan ganas de cantarla. Y la intro de Daniela en clave “shadow cumbia” funciona con la guitarra vieja con la palanca nueva, la misma que le agrego otra perspectiva al solo final de Los Ases Falsos.. Y Jingle Bells como guiño antes de Aunque Todo Salió Mal quedó más linda que la chucha. Y, en medio de Fuerza Y Fortuna, nos acercamos todos en un círculo cerrado, como para darnos energías entre todos, en la última tocata del año. Y Fueron, en ese set final del año, sale la raja. Y quedamos contentísimos de una jornada de tocata doble. Y yo pensando en que este mes se pase rápido para volver a las pistas en vivo.

Y así será. Manténganse sintonizados.

sábado, diciembre 15, 2007

Sobre la vieja guitarra, el cielo limpio y otras yerbas.


Seguíamos dando vueltas por esos caminos empinados, aleándonos de la capital y con el rumbo completamente perdido. El interior del auto parecía un verdadero sahumerio con tanto humo de yerba. Es que no hay nada más la raja que empezar a carretear camino al carrete, dicen. Debimos habernos visto demasiado ordenados y relajados como para pasar no una sino que cuatro veces delante de los pacos y que no nos pararan. Si nos hubieran parado en el camino, nos vamos todos en cana.

El camino seguía empinado. “Vamos bien, es por acá cerca”, decía ella, la festejada. Pro el destino final del viaje no se aparecía nuca, o quizás se aparecía y ni nos dábamos cuenta. La camioneta cargada de gente extraña nos tiraba insultos por su inexistente asiento trasero. Demás que esos tipos debieron odiar la situación, todos congelados por el vientecito fresquito de una zona ya libre de smog capitalino. El aire fresco es capaz de quemarte los pulmones si tienes tu organismo lleno de mierda mezclada con humo de cigarro. Pero no de yerba, claro está.

Seguíamos fumando y dándonos vuelta. Y pasamos otra patrulla que paró a unos pobres desafortunados. Ya perdimos el rumbo, no hay nada que hacerle. Sólo queda tomarse un lugar cerca del río, donde se sienta prácticamente al lado; qué prácticamente, si la weá tiene que ser al lado! Sentir el río fuerte pasar ahí, en medio de la nada, es fuerte.

Y me enfrento a mi máximo temor: los lugares abiertos. Eso lo descubrí hace poco tiempo, también gracias a la yerba. Al bajar por ese pequeño camino hacia los restos de un río, con mucha piedra entremedio, sólo quería irme de ahí. Volar a mi casa, de haber sido posible. Pero no pude, y sólo me quedé con la certeza absoluta de que un lugar así, en donde cualquier cosa puede ser posible, me atemorizaba más que la mierda. Y ese mismo temor, aunque bien acompañado, volví a sentir junto a aquel río. Un cielo hermosamente despejado trataba de cobijarme, y yo no podía evitar pensar en irme. Esa extraña sensación de querer quedarme, pero la asfixia de un lugar abierto, invadían mi atribulada cabeza.

Pero para sanarme estaba la guitarra. Esa vieja guitarra que es mía pero no es mía para quedármela, sino que es mía sólo por un rato. La que ha estado dando vueltas años y años, esperando en su estuche imaginario. Ha recorrido la carretera de arriba hacia abajo, y ha traído una lágrima y una sonrisa, casi como si aunque todo salió mal voy a llorar de felicidad. Mientras más la toco, mejor suena, y llora cuando la dejo sola. En silencio, me espera. O quizás a alguien más, qué se yo. La vieja guitarra jamás ha buscado el oro. No la pueden culpar de mis errores, sólo hace lo que se le dice. Esta vieja guitarra, que tengo al lado ahora mismo. Y que estuvo conmigo ahí, al lado del río, cuando el resto de la gente buscaba hacer carpas gigantes sin poder levantarlas aún, y cuando el malvado generador traía lo urbano a ese mundo natural y hermoso, solo para traer civilización inútil.

This old guitar...


Comprendí el porqué de nuestra miseria como especie. Somos destructivos, somos una plaga, una enfermedad. Todo lo que nos rodea, lo destruimos. Lo hacemos trizas, lo descomponemos. No nos basta con la luz de la luna para ver, tenemos que encender una fogata o, peor aún, una ampolleta en medio de la naturaleza. No basta con los ruidos de la vieja guitarra, tenemos que poner música hecha casi con elementos artificiales, con cero madera ahí. “¿Qué te gusta de música?”, me preguntan. “Me gustan las canciones más viejas”, respondo. “¿Tan viejo como los Guns? ¿Cómo el heavy metal?”, me preguntan de nuevo. No sabía qué responder.

Para mí, esas cosas no van. Ni siquiera era prioridad tener plata para ir al concierto de Chris Cornell. Es mejor que miremos al futuro y no nos bañemos en nostalgia. Ojo, no es lo mismo que la reunión de Led Zeppelín el lunes, en Inglaterra. Ni la de Cream en contadas fechas hace dos años. Algo me pasa cone sas reuniones que las miro con otro prisma. Cornell mantendrá la voz, hará un excelente show y todo, pero su tiempo ya pasó. Nuevamente, lamento no haber ido a ver al gran Beck, que le tocó difícil ante un publico de adultos fomes que sólo querían nostalgia policíaca. Igual que los cabrso un poco más viejos que yo, que recordaban el Suprunknown a ojos cerrados, con el carisma de Cornell, pero no es lo mismo. Y nunca lo será.

Nostalgia...


¿Desvarío? Puede ser. Ustedes saben, este humo de incienso me está matando. Y todo para cubrir rastros.

Había más yerba, por supuesto. Perdí la cuenta de cuánto llevábamos fumando, parecía como que el mundo se iba a acabar. Quizás exagero, en todo caso. La vieja guitarra me vuelve a serena. Y me quedo con ella por mucho rato. ¿Me habré pegado? Probablemente. Me pasa eso de que cuando tomo una guitarra, no la suelto. Soy malo pa las fiestas, aunque lo he pasado bien en algunas. Peor con la guitarra en mano es mucho mejor.

“Me iré a recorrer el mundo, a conocerlo por completo”, dice una canción nueva que me encanta tocar. Debe ser de las letras más lindas que haya leído, casi me la sé de memoria. Hasta la podría cantar en alguna reunión solo con la guitarra, pro me encanta cuando estoy acompañado de mis bandmeits tocando. No hay nada en el mundo que supere la sensación de tocar en vivo. Weno, tal vez las mujeres se logren acercar a eso, pero son cosas totalmente distintas. A ellas las adoro, son lo mejor que nos pudo haber pasado. Las respeto y trato de entenderlas. Les dedico caracteres en este espacio. Les dedico canciones. Las escucho con atención. Trato de entenderlas, aunque me demore un siglo en hacerlo.

Ya son las 7 y media, y todos acá al lado del río duermen. Tengo que irme. En la noche tocaremos. Menos mal que pasó un colectivo casi al toque. Al parecer, tengo suerte. Debe ser la vieja guitarra. O la revista. No lo sé todavía. Sólo sé que debo seguir escribiendo y tocando. Escribir y tocar.

viernes, diciembre 07, 2007

Sobre Fother Muckers en el Barabajo este sábado y otras yerbas.


Nuevamente me pasó. Mi situación actual de pseudos-bancarrota y mi falta de contactos me impidieron asistir a uno de los shows más esperados de todos. No todos los días viene Beck a Chile, y menos a tocar en el Estadio Nacional. Cuando me enteré que venía, sabía que sería un infalible. ¿Qué telonero? ¿Qué “soporte”? ¿Qué va a tocar “solo” una hora? ¿Que lo utilizaron como “gancho” para atraer público más joven a un show que, como podía esperarse, sólo atrajera a los “adultos fomes” de nuestra sociedad pacata? Todo eso importa un carajo. Beck es seco, y da shows increíbles. Punto.

Una muestra del show de Beck, gracias a la audiencia...


Esta ausencia al show de Beck es una más de mis amargas experiencias con frustradas idas a shows bakanes, truncadas por la falta de recursos o de oportunidades. ¿se las cuento? Como que lo tengo medio atragantado… pero gracias a que soy cachurero y guardo archivos de todas las weás que he escrito por estos lados, recurriré al copy/paste en un par de ejemplos nomás:

-Me perdí el de Paul McCartney: “Se corrieron muchos rumores de que, por la lenta concurrencia (que ya hacía prever que sería escasa) McCartney no se presentaría. Sin embargo, Paul mismo desmintió esos rumores en un despacho en directo para Rock & Pop, casi a las 8 de la tarde. Yo lo escuché por radio, solo en casa, y demasiado triste como para salir: tenía apenas 12 años para ese concierto, y NADIE me pudo acompañar: mi papá tenía que hacer clases, mi mamá debía llevar a mi hermana menor a uno de esos típicos actos de cierre de año en su colegio, y ningún tío podía acompañarme. Seguí la cobertura en mi casa por la radio. Así me enteré que, finalmente, llegaron 50 mil personas al Estadio Nacional, y que el concierto no partiría a las 21 hrs, como estaba anunciado, sino que a las 22:15 aprox, para que la gente alcanzara a llegar”. Vea el texto completo, si gusta, acá: http://www.fotolog.com/hecrock41/8906900 .

-Me perdí el del troesma Dylan: “Lamentablemente, el destino jugó en mi contra y no pude ir por varios motivos. Aunque podía comprar la entrada de 35 mil pesos de platea baja, debí quedarme en casa: mi papá tenía que hacer clases en la noche, mi mamá cursaba segundo de Derecho y tenía clases en vespertino y alguien tenía que ir a buscar a mi hermana menor al colegio. Esa pega me tocaba a mí y no encontré a nadie para que me reemplazara. Me quedaba el consuelo de que al menos lo transmitirían por la radio o que el canal R&P lo grabaría. En un despacho del programa "Plaza Italia", informaron que Dylan prohibió el registro oficial de audio y video de la presentación. Sólo los que fueron supieron lo intenso e inolvidable que estuvo. Lewin, en su tribuna de Rock y Guitarras de ese entonces, pasó casi un mes diciendo a diario lo espectacular del concierto del troesma. Creo que todavía lo menciona, si le preguntan”. Si quiere ver este texto completo diríjase acá: http://www.fotolog.com/hecrock41/8378009 .

Ay, los recuerdos. Con ese par de ejemplos dejo bien en claro la frustración por no haber ido a tan magnos eventos, a shows importantes en la vida de un rayado de la música como yo, y como varios de nosotros. Ese show de Dylan era único, y habérmelo perdido por algo tan absurdo como lo que describí me hace lamentarlo aún más. Pero weno, shit happens…

Lo que va a estar totalmente imperdible es el show que los auténticos Fother Muckers daremos en el Barabajo, un agradable y muy piola local del barrio Concha y Toro, ese que queda cera de plaza Brasil acá en Santiago. El barrio Concha y Toro es uno de los cuadrantes más lindos que ha ofrecido la arquitectura capitalina. Con sus calles empedradas y antiguas mansiones, el barrio refleja la riqueza y elegancia de comienzos del siglo XX, ese Chile que explotaba a más no poder el salitre y que se daba la gran vida. Un arribismo de mierda, pero que dejó bella arquitectura. Algo es algo, menos mal.

Para el Barabajo, un local ubicado casi en un subterráneo y que invita a los ambientes más íntimos y no de estadios, tenemos preparado un show semi-acústico (digo “semi” porque habrá alguna guitarra eléctrica conectada, y un bajo eléctrico todo el rato), con guitarras de palo, arreglos de todo tipo, invitados y sorpresas, muchas sorpresas. En verdad le hemos puesto empeño al set que hemos preparado. Será todo un deleite que no se pueden perder. Y aquí les va la info dura al respecto:

SÁBADO 8 de DICIEMBRE
FOTHER MUCKERS EN BARABAJO
Erasmo Escala 2185
Barrio Brasil
A las 11 de la noche
Entrada: 2 mil pesos

Si quiere concursar por una entrada doble, responda con ingenio la siguiente pregunta: si tuviese una máquina del tiempo, ¿qué uso le daría? Mande su respuesta al fmuckers@gmail.com . Ganará la mejor de todas las respuestas que veamos.

Ya lo sabe. Vaya al Barabajo este sábado 8. Va a estar re weno, lo juro.

sábado, diciembre 01, 2007

Sobre "Dios me respeta cuando trabajo, pero me ama cuando canto".


“God respects me when I work, but he loves me when I sing”

Nunca me había topado con esa frase antes, hasta comienzos de abril de este año. Y todo gracias, era que no, al viejo y querido Neil Young. Por estos milagros de la democratización de la tecnología, logré acceder rápidamente al DVD que venía con el volumen 3 del siempre postergado Neil Young Archives (caja gloriosa que, de salir, contendría unos 8 CDs y unos 2 o 3 DVDs, abarcando los primeros años d la carrera de Neil), lo correspondiente al en vivo acústico en el Massey Hall de su natal Canadá, grabado a comienzos de 1971, en mediod e su gira solito con guitarras de palo y piano, cons ets compuestos en su mayoría de canciones nuevas.

Una de ellas es la bellísima Journey Through The Past. Y en el video que está en el DVD, al llegara ese track específico, y justo previo a que el viejo Neil cantara “well, I’m going back to Canada, on a journey throught the past”, aparece en un compuesto previo de imágenes un plano sencillo a una pared de madera, que tenía un papel pegado con esa bella cita del escritor bengalí Rabindranath Tagore, “Dios me respeta cuando trabajo, pero me ama cuando canto”. Cuando lo vi ahí, en ese material de archivo, tan de casualidad, me quedó grabada de inmediato.

Journey Through The Past...


La búsqueda espiritual y hablarle el sentido a la vida es la principal de nuestras tareas como seres humanos acá en el mundo. La búsqueda es el motor del movimiento del alma, le da sentido a nuestros pasos a cada segundo y nos mantienen inquietos, sin posibilidad de estacionarnos y caer en la mediocridad y el conformismo propios de la civilización occidental. Tagore fue escritor, poeta y filósofo bengalí, que le hacía a todo: actuaba, hacía música, escribía tanto relatos cortos como bellos poemas, obras de teatro… Tagore era un renacentista y un tipo con mucha inquietud espiritual, que incluso hasta fue anfitrión de Ghandi en algún momento.

Hay algo inexplicable en la canción como herramienta para comunicar sentimientos, siendo casi el mejor vehículo para expresarlos. Aún no tengo claro qué es lo que exactamente tiene, y de saberlo sería una máquina de hacer canciones. Aún no logro dar con mi forma de componer tranquilo, debe ser porque mi mente está dispersa en un millón de cosas, tratando de cumplirlas todas, pero con poco tiempo para atender otras cuestiones importantes. Trato de hacerme siempre el tiempo, pero a veces simplemente al día le faltan horas. Tal vez no.

Pensándolo bien, la frase de Tagore tiene muchísimo que ver quizás con el cómo veía la música y el arte el gran George Harrison, quien partió de este mundo hace ya seis años. Para el Dark Horse, tocar era un deleite, aunque en el escenario siempre se le vio más bien tímido. Su música es sencillamente hipnótica, sus intenciones a la hora de escribir eran sinceras y la atemporalidad de sus canciones lo comprobaban. De hecho, ese gran disco póstumo que es el Brainwashed tiene un tono tan calmo, como si George hubiese puesto su mano desde el más allá para iluminar a su amigo Jeff Lynne y lograr lo mejor para esas canciones y grabaciones y sacar el disco. Sólo luz hay en el Brainwashed.

Un wen amigo de George, el troesma Dylan, también ha dedicado su vida a la búsqueda del alma. La búsqueda espiritual, el sentido de la vida y las múltiples transformaciones que esto acarrea. Algo que, espero, quede bien reflejado en I’m Not There, la biopic que realizó Todd Haynes sobre Dylan, con 6 diferentes actores para representar de mejor manera los múltiples cambios en Dylan como persona, artista y agente de cambio circunstancial. Ya se estrenó en gringolandia, pero acá no pasa ná. Me pregunto si la estrenarán en el cine, pero se ve improbable. Lo más seguro es que la podamos ver antes en DVD, cuando salga en Zona 1 y gracias a los clubes del centro, que traen las películas altiro y que tienen decenas de miles de títulos. Así que de verse, se va a ver.

El mismo Neil Young tiene su lado acústico amable y espiritual, pero su búsqueda lo ha llevado hacia otros lugares distintos al troesma Dylan, desencadenando más en mensajes íntimos y confesionales acompañados de música sencillamente sobrecogedora. No es “el Dylan canadiense” como he visto en más de una ocasión por ahí. Sólo es una de esas pocas almas que su camino lo va reencontrando una y ora vez con su esencia, sin abandonar aquello que lo ha acompañado desde el comienzo de sus días: el desapego por lo terrenal y el abrazo al recogimiento, el ser un verdadero poner y escapar del ruido mundano. El rancho Broken Arrow es casi un santuario en el que el viejo y querido Neil Young aún vive y conserva como refugio.

Si Dios existe, ¿nos respetará cuando trabajamos? ¿Nos amará cuando cantamos? ¿Acaso Dios tocará guitarra? Al menos, es un deseo bienintencionado. Casi como que no importa tener el rostro dibujado.

Bonus track antojadizo...

sábado, noviembre 24, 2007

Sobre la nueva palanca en mi vieja guitarra.


Cuando partí con este espacio, nunca pensé que iba a durar tanto ni que iba a escribir tanta weá junta; más bien, tanta weá agrupada en montoncitos de cinco mil caracteres. Y acá estoy, redactando este texto número trescientos cincuenta y seis (para los que se marearon con las palabras, 356), tratando de hablar sobre algo pero con la foto pa subir ya lista.

Ahí me ven. Weno, no me ven a mí tan directamente (la foto donde salgo más feliz que la chucha está en el otoló de los auténticos Fother Muckers, http://www.fotolog.com/fothermuckers/23615911 ), pero igual le spuedo asegurar que estaba disfrutando de un gran momento. Yo ya hablé (escribí, en verdad) más de alguna vez sobre mi fascinación con el tipo de guitarra Old Black, la legendaria Gibson Les Paul Gold Top que el viejo y querido Neil Young le echó mano, alteró, cambió cosas, la pintó de negro y le puso un vibrato trémolo Bigsby tipo B7 (disculpen la jerga de nerd guitarrero, pero me emociona contar estas weás :P). Weno, de eso me referí en un texto que llamé “Las guitarras de mi vida”, http://www1.fotolog.com/hecrock41/8860560 . Y siempre soñé con acercarme un poco que sea a ese concepto de guitarra, ese cuerpo Les Paul con la palanca tipo Bigsby, por más improbable, ilógico, inaudito e imbécil que sonara.

Para muestra, un botón: el viejo y querido Neil Young haciendo una del troesma Dylan...


Hasta que llegó la hora de tener una palanca tipo Bigsby para mí. Yo la veía lejana porque la legítima es demasiado cara, de al menos unas 120 lukas que no tengo simplemente. Y yo pensaba con la lógica de que mi vieja guitarra no es una Gibson Les Paul como pa andar comprando un Bigsby caro y legítimo; como que, sencillamente, nos e justifica nomás. Siempre contemplé el ponerle una palanca alternativa, que me diera la posibilidad de experimentar con sonidos y cosas así (nuevamente jerga de nerd guitarrero :p). Pero se veía cada vez más lejana la posibilidad. ¿Cuándo mierda iban a traer una de esas cosas por estos lados?

Hace un par de semanas la pillé en una de esas tiendas de San Diego dedicadas a instrumentos, equipos y piezas de todo tipo para el músico o el aspirante a músico que esté trabajando a diario pa lograrlo. Para mi sorpresa, ahí estaba la palanca tipo Bigsby, pero no la B7 que usa el viejo y querido Neil, sino una tipo B5, que no tiene la extensión hasta el borde de la guitarra. A mis ojos, ese detalle daba exactamente lo mismo. La esencia del Bigsby (sin ser Bigsby legítimo, obviamente) estaba ahí, esperando a que yo me la comprara. Me acuerdo que me faltaba apenas una luka. Al día siguiente, volví, y el tipo de la tienda ya sabía de inmediato que yo iba a buscar la palanca.

Eso fue hace un par de semanas. Y quedaba sólo instalarla, pega de luthiers de guitarra y verdaderos artesanos de la madera. Pero es una pega que, obviamente, cuesta sus wenas lukas, por lo menos 15 mil pesos chilenos que puta que están devaluados en estos tiempos. Ese trabajo es casi de joyería y de alto riesgo por lo demás: como el trémolo en cuestión se pone literalmente “encima de la madera”, corres el riesgo moral de matar a la pobre guitarra. Imagínense una guitarra perforada por un taladro y destrozada en casi mil pedazos. El trabajo d einstalar el trémolo había que hacerlo bien.

Y en eso me ayudó mi banmeit Martín Del Real ayer en la tarde. Como la gran ventaja de que el trémolo vaya arriba de la guitarra lo hace más “manejable” (aunque con gran riesgo igual), decidimos arriesgarnos y trabajar para instalarlo en la vieja guitarra. Total, no había absolutamente nada que perder. Había taladro para hacer agujeros esenciales a la hora de meter tornillos, teníamos las herramientas necesarias para atornillar, alicates, llave inglesa, tuercas… todo lo necesario para maestrear como Dios manda. Ah, y cómo olvidar el mencionar la ayuda de esa gran herramienta llamada Internerd. Entre fotos, textos, guías, foros y videos de lutiers gringos que se peinan pa instalar Bigsby como si fuese una pichanga dominguera, el asunto tenía toda la cara de salir favorable.

Un videiño mostrando la instalación de un Bigsby...


Después de un en rato midiendo, calculando, taladreando, eligiendo los tornillos precisos y demases, estábamos listos para instalar las cuerdas y ver cómo funcionaba el asunto. En el camino, quedamos asombrados de lo linda que se estaba viendo esa vieja guitarra de cuerpo Les Paul y de marca Samik que tantas alegrías me ha dado en la vida. Había algo que me hacía verla como si fuese nueva. La custión funcionaba, sin dudas.

El último paso llegó: las cuerdas, una por una, instaladas en la vieja guitarra con un nuevo aire refrescante. En un momento, pensamos que nos estaba faltando algo. El momento crucial de la instalación del trémolo es poner el muelle (un resorte que permite la movilidad y el funcionamiento de la palanca misma). Sin las cuerdas, la palanca queda demasiado levantada. No queda como en las fotos e imágenes que he visto siempre!, pensaba un yo asustado como cabro chico a punto de toparse con Maikol. Pero, afortunadamente, asociamos el poner las cuerdas como el paso final y el que llevaría a tener todo el trabajo listo. Y así fue: la palanca con su muelle terminaron cediendo tal y como se decía en todos lados, y la guitarra quedó lista con su nuevo ingrediente.

Ayer la probé. ¡Nos quedó la raja! Ese trémolo maneja subidas y bajadas de tonos con una facilidad que aún me sorprende. Va a ser una gran compañía en vivo, junto con mi querida Epiphone Casino. Muy pronto la estaré re-estrenando a la vieja guitarra. Atentos a las novedades en http://www.fotolog.com/fothermuckers . Y sigan pasando por el My Space, http://www.myspace.com/fmuckers .

Y el sticker de Weichafe sigue ahí, debajo de la base del trémolo. Ese no se va nunca, es parte del espíritu de la vieja guitarra.

domingo, noviembre 18, 2007

Sobre Tarantino, apasionados y eternos adolescentes.


¿Han cachado la ya clásica imagen (que puede ser cliché si se quiere, pero no lo es) del típico pendejo freak, de gustos y costumbres freak, que durante sus años de adolescencia pasó muchas, muchísimas horas dedicado a sus gustos, a sus aficiones, a su pasión? Más que ser un nerd o un perno, esta gente es entusiasta por naturaleza y desarrolla su pasión d manera casi enfermiza. Al menos, para la percepción “normal”.

¿Qué es lo normal? ¿Que de adolescentes se deba carretear en fiestas escolares? ¿Agarrarse minas? ¿Vanagloriarse de tus fantasías que ni siquiera son realidad? ¿Cumplir con todos los “deber ser”? ¿Ser popular en el colegio? ¿Qué te considere tu entorno social al cual no perteneces del alma? Todas esas frivolidades que ocurren en ese lapso de tiempo en que adolecemos de muchas cosas y en el que vamos formando la personalidad. Una adolescencia que, a veces, sencillamente no se vive bajo los cánones comunes y socialmente aceptaos, sino que se experimenta tarde, y luego de haber pasado el umbral del éxito, del momento en que todas tus ambiciones, obsesiones, fanatismos y demases te empiezan a dar el pan de cada día. Y te inscriben en los libros de la historia mundial. Como le pasó al tipo que ven retratado en la imagen, Quentin Tarantino.

Para nadie es un misterio el ascenso en público de la figura del gran realizador de los últimos 20 años. Y su principal gracia es el no calzar con el prototipo de cineasta intelectualoide, conceptual y complejamente enredado. No es que esté criticando ese perfil, por cierto. Sólo quiero acotar el hecho de que Tarantino venga de un lado completamente distinto, si no de las fuentes, sí de la dedicación y la fascinación por ellas. Para un tipo que pasó toda su infancia y parte de su adolescencia sin hacer amigos en el colegio y que se dedicaba a jugar con sus monos de GI Joe e inventarles diálogos con palabrotas, ver televisión casi todo el día o ir al cine, es ahora cuando Tarantino disfruta como cabro chico de aquellas cosas que nos importan tanto teniendo 15 años. Y todo hecho bajo el prisma de la pasión desmedida. Si Tarantino, ya de cabro chico, sabía que podrían venir cosas grandes en el futuro. Los típicos sueños que uno tiene.

Para Tarantino, la televisión fue determinante para su visión del mundo, siendo niño durante la primera mitad de los 70. Según ha contado el propio director, la guerra de Vietnam y el caso Watergate supusieron un golpe doble que destruyó la fe de los norteamericanos en su propio país. Los mejores relatos de antihéroes y “perdedores” son de esa época post crisis de Watergate. Taxi Driver, obviamente, una de las mejores y una de las influencias en la mente del niño Tarantino, junto a las pesimistas epopeyas de zombies de George Romero, o la considerable cantidad de películas sobre Vietnam que se filmaban una vez terminada la guerra. A la mezcla, obviamente, hay que agregarle mucho Godard.

Un perfil de Robert De Niro, por el fan Tarantino...


Tarantino era tan apartado de lo socialmente normal que ni siquiera terminó el colegio, y no por falta de capacidades, sino porque sentía que no le entregaba nada más. No salía a carretes adolescentes, no tenía amigos ni vida social ahí y era lo que en todas partes se conoce como un weon raro. Y como todo weon seco, dejó el colegio para ponerse a trabajar y encontrar su destino. Y se inscribió en actuación para sacar a ese performer histriónico que siempre llevó dentro.

Sin embargo, al revelación vendría en uno de los puestos más freak de todos: atendiendo un videoclub llamado Video Archives. Y aquí Tarantino sencillamente pulió todo aquello que fue fomentando desde pendejo: el gusto desquiciado por el cine y las películas. Tarantino era de esos tipos que organizaba ciclos de películas en el videoclub, junto a su socio y consejero espiritual Roger Avery. Si él te atendía en el videoclub, era capaz de recomendarte películas y guiarte en una larga carretera de films que podían cambiar tu vida o, al menos, podían hacerte pasar un wenísimo rato. Su única preocupación era el cine, le interesaba absolutamente TODO el cine. De ello, dio cuenta el realizador español Álex De La Iglesia en una entrevista: en una cena que compartieron, Tarantino le preguntó a De La Iglesia si acaso sabía donde conseguir la copia en 35 mm de una película de Sevilla de 1973, película que De La Iglesia ni siquiera sabía que existía. Así de brigido. Al segundo plato, el director español se quería ir, ya que no aguantaba más la conversa de puro cine de un, según él, desquiciado personaje. “Quieres conocer a la persona, y descubres que la persona es sólo cine”.

De La Iglesia sobre Tarantino...


¿Desquiciado? ¿Zafado? ¿Freak? Son formas de verlo. Pero lo de Tarantino va mucho más allá de eso. Para gente como él, la pasión por lo que aman es lo que las lleva adelante. El entusiasmo los conduce en cada paso que dan y se les nota. Hablarán aceleradísimos y serán un torrente explosivo de verborrea, pero se les nota en la cara que loe sán disfrutando. Que siguen siendoc abros chicos en ese sentido, que no pierden la capacidad de asombro ante nada y que siempre habrá algo que esperar de ellos.

Del videoclub al tras la cámara. De ver películas a hacerlas. Así podríamos estar pensando en un montón de casos en que un fan, de ser un espectador como tantos otros, a estar al otro lado de la calle. A subirse al escenario. A sentarse en la silla de director. A contar historias.

Y ustedes, ¿conocen más casos de gente así de apasionada por lo que hacen? Parece que son pocos en este mundo cargado a la mediocridad, el intelecto mal entendido y la conformidad de la derrota. Pero de seguro existen más tipos como Tarantino por ahí.

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domingo, noviembre 11, 2007

Californication.


Primeros minutos de una nueva serie: un coro celestial claramente reconocible (el que da la intro de You Can’t Always Get What You Want, de los Stones) precede a la irrupción de un convertible, de donde baja un tipo con pinta de recién entrado en sus 40, prácticamente viniendo de algún prendidísimo carrete de la noche anterior, y de seguro con caña del alma. Entra a una iglesia y deja el pucho en una fuente de agua. De inmediato, desafía a la imagen de Jesús crucificado con un “Ok, esto es entre tú y yo. Nunca habíamos hecho esto, pero tiempos desesperados piden medidas desesperadas”. Lo interrumpe una joven monja, a la cual le confiesa que está en crisis. Es un escritor y ha perdido la inspiración para escribir. Ella le ofrece dos soluciones: algunas oraciones o sexo oral. El confundido escritor en crisis, más confundido aún con semejante invitación, y tras ver que la joven monja ya se ha removido toda túnica posible y muestra todos sus atributos. El escritor acepta…. ¿está pasando de verdad o es tan sólo una fantasía?

Así parte la nueva serie que la cadena Showtime ofreció en el verano recién pasado en gringolandia, y que terminó la semana pasada (gracias a esa maravilla llamada torrent, la pude ver completa durante este fin de semana). Se llama Californication (sí, tal cual como el disco de los Red Hot Chili Peppers) y, con semejante primeros 2 minutos, podríamos pensar fácilmente que es una serie que sólo trata de sexo, de temáticas que ni siquiera se tocan en los medios y la exploración de los límites de la decencia que podría permitir una producción en TV pagada. Pero Californication no trata sobre sexo, sino con algo que da para pensar mucho y que lo tenemos tan obviado que nos parece normal: la eterna dualidad moral en que siempre ha estado la civilización occidental, con la modernización y la búsqueda de la felicidad malinterpretada como la satisfacción del aquí y ahora. Y la muestra de manera atrevida, irreverente, jugada y arriesgada en sus formas. No por nada, dicen que es de lo más pornográfico que se pueda ver por la TV, sin tener el premium.

Trailer...


Californication nos muestra la vida de Hank Moody (David Duchovny), un escritor que vive en Los Angeles, la Sin City que ha inspirado más de alguna notable canción que retrata estos mismos temas que la serie. Hank tiene bloque y no ha podido escribir ni siquiera una palabra en años. Su último libro publicado, una novela existencialista llamada God Hates Us All (sí, otra referencia rockera… tarea pa la casa) que fue adaptada al cine y convertida (más bien, destruida) en una mamona comedia romántica llamada Crazy little Thing Called Love, protagonizada por “Tom y Katie”.

Hank sabe que al hacer ese sucio trato con Hollywwod, su vida fue a la mierda. Trata desesperadamente de mantener contacto con la familia que perdió: su hija de 12 años y su ex novia, a punto de casarse. Hank está asqueado con su vida, con el cómo se le han dado las cosas. Se siente usado y decepcionado, buscando el placer y el adormecimiento. Y en eso se le va la vida, entre tanta mujer que se le cruza por delante, tanta juerga de la cual participar y tanta vida por tratar de re-orientar. El escritor sigue ahí, solo que dormido e imposibilitado de siquiera escribir tan solo una línea.

Hank Moody tiene mucho de un gran autor llamado Charles Bukowski, quien en verdad se llamaba Hank Charles Mukowski. Pero el Hank de Californication vendría a ser un Bukowski de clase alta, sin pasar las pellejerías por las que pasó Bukowski en la vida real. Recién fue famoso a los 50 años con su primera novela, previo haber pasado por pegas indignas y un empleo horriblemente rutinario en el correo. El Hank de Californication claramente no pasa por eso, pero los paralelos son bastantes: sexo, drogas y rocanrol. Alcohol hasta el cansancio. El desfile de chicas en la cama, sin ninguna posibilidad de exigir anda salvo un wen polvo y listo. El frenesí sexual no es más que una respuesta a la decepción y a la frustración; las cosas no resultan como uno creía y el mundo que una vez conociste como mundo se destroza.

Ese Los Angeles maldito que tanto odia Hank Moody es el mismo Los Angeles que ofrece un camino rápido al éxito con el intercambio de tu alma a sistema. Si lo consigues, te pierdes para siempre. Aunque no todo está perdido. En Californication también podemos ver el esfuerzo que hace Hank por salir de su asqueada vida. Sabe que necesita la salvación, y que esta viene de la mano de recuperar lo que antes tuvo. La serie, más que tratarse de sexo y desenfreno, trata de la búsqueda de la redención. Es una historia de amor, desencanto y búsqueda de segundas oportunidades. Hank Moody, con todas las diferencias que una ficción tiene de la realidad, representa a todos aquellos que lo han perdido todo en lo afectivo por el ritmo acelerado del éxito y la carretera descendiente.

El desenfreno que muestra Californication no es para escandalizar, sino que para graficar de manera coherente este tipo de vida, tan al filo en lo emocional y, a la vez, tan entrañable que nos hace necesariamente sentir empatía por lo que estamos viendo. Es como lo que pasa con Leaving Las Vegas: ese viaje hacia el infierno, con el anhelo de encontrar un milagro salvador que probablemente nunca llegue. Pero Hank sigue manteniendo la ilusión de recuperar lo que alguna vez dio por sentado, esa estabilidad tan cotidiana que le perdemos la importancia. Y eso siempre será interesante de ver en la pantalla.

viernes, noviembre 09, 2007

Yo Soy Weichafe.


Sábado 4 de agosto, afueras del Galpón Víctor Jara, 9 de la noche: una extensa fila de gente va pasando de manera ordenada, y todos con una sonrisa en los rostros, sabiendo que tendrían la posibilidad de ser inmortalizados en un registro audiovisual. La cita, obviamente, era la grabación de un show en vivo. Más bien, un show en vivo que sería grabado. El show de Weichafe, celebrando sus 10 años de carrera con la grabación de un show en vivo de largaduración.

Lo de largaduración se tradujo en un show de tres horas, separado prácticamente en tres bloques: el primero, uno show con puro material de hits y singles: canciones cortas e intensas, reconocibles caballitos de batalla y demases; la segunda parte, el intermedio acústico, con delicados arreglos; y la tercera, la vuelta a los himnos y los cierres gloriosos (casi como un “lote de chaos” si se quiere”. En esa velada histórica nos e dejó anda al azar y se registró de manera íntegra.

¿El resultado? De las 30 canciones que se interpretaron en el show, 19 de ellas terminaron en el CD y 24 en el DVD, formando un pack llamado “Yo Soy Weichafe”, el que se puede encontrar en todos lados desde la semana pasada. El quinto disco de la que, a mi juicio, es la mejor banda de Chile funcionando en este momento. Sus 10 años lo acreditan; su ética de trabajo los refuerza; su entrega en vivo es la mejor que tenemos por estos lados; su evolución musical se nota en cada disco y no piensan en ceder. De todas formas, son un ejemplo a seguir. Si no a seguir, al menos un ejemplo que respetar. Y ellos parten por respetar a su público, poniendo el foco en ellos para su quinto disco. De hecho, tres de sus fans aparecen en la portada, representando a las distintas generaciones a las que llega Weichafe.

Todo se dio para que este quinto disco haya sido en vivo y se haya concretado uno de los deseos del grupo de hace años: el poder plasmar en un registro ese poderío que tienen en sus shows desde que existen como banda, algo que los discos de estudio cuesta que logren dar cuenta, porque son cosas de naturaleza distinta nomás. El disco en vivo es un momento que, por más preparado y “a prueba de errores” se produzca, aún capta un momento único e irrepetible: el éxtasis y el goce del momento, la ausencia de fórmulas probadas y la apuesta total por el aquí y el ahora. El entregar tu alma y tu vida ahí, arriba del escenario, y que la gente participe de esa entrega, todo en perfecta sincronía. Cuando eso sucede desde el plano de la honestidad, conmueve. Y mucho. Angelo Pierattini, Marcelo Da Venecia y Mauricio Hidalgo saben lo que es estar ahí, al pie del cañón. Y es ahora cuando reciben los frutos del respeto y el reconocimiento.

Eso es lo que recorre el CD/DVD en vivo de Weichafe. Canciones que ya se han convertido en himnos quedaron inmortalizadas como jamás podrían haber quedado en estudio: Pan De La Tarde, la apertura gloriosa de Salvador, la renovación con Me Voy A Encerrar; el par de perlas prístinas que son Silencio y Tres Puntas; y la potencia aguerrida de Ripio Y Soledad. Todas las antes mencionadas van en el primer bloque, el de entrada, el del golpe certero con el cual partir, y el que deja con la suficiente energía para que la gente mantenga sus espíritus en alto y se recoja un poco con lo que sigue.

Els et acústico, un lujo como pocos. Para los que seguimos a Weichafe de hace años, sabemos que lo acústico forma parte importante de sus puestas en vivo, y es ahí donde los músicos juegan más con las formas y las maneras de tocar. Y para la ocasión especial, invitados en la cuerdas: (Isabel Vásquez en la viola y Leo Guzmán en el contrabajo) dieron toques majestuosos a piezas clásicas y emblemáticas del repertorio de Weichafe como Dios Es Sólo Para Algunos, De Espalda Al Cielo y las Cosas Simples, casi como dictando cómo tocarlo de manera óptima, pero completamente integrados a la dinámica del grupo.

La tercera parte, el poderío total en postales para el recuerdo: el ritual de palmas para 5:30 AM, la atmósfera de ruido y potencia en Tierra Oscura Del Sol, aire fresco en la siempre inquietante Sí, Me Saqué Los Dientes; lo frenético de Cuesta Respirar; la siempre pedida y pocas veces tocada Suerte; el ritual del respetable en Suicidio General; la luminosidad de Respiro La Luz Del Sol; la confirmación de himno de No Soy Malo, renovada con el frenesí de Festín De Muecas; el cierre de lujo de Hazme Dormir; los agradecimientos de la banda al público que siempre los acompaña; los gritos; los coros; los “Chi chi chi, le le le, Weichafe de Chile”; el “cumpleaños feliz” cantado por la gente a los Weichafe al final del show; los aplausos; los “muchas gracias”… tantas imágenes que se pueden ver una y otra vez en el DVD, filmado en HD y con sonido 5.1, como para ir cambiando el estándar de la aun escasa videoteca musical de Chile.

En el DVD, además, viene un documental de 20 minutos en que podemos apreciar la evolución musical de la banda en estos 10 años de carrera, con un repaso por todos sus discos de estudio y las luces de la elección del primer single del disco en vivo: Pichanga. Un documental del cual fui parte: elaboré el guión periodístico, entrevisté a los cabros del grupo y conversamos de muchísimas cosas. Un resumen de uno de los aspectos tratados compone el documental.

Hoy lo están lanzando con fusión doble en el Galpón Víctor Jara. Demás que pueden ir a darse una vuelta por ahí, a las 21 o a las 23 hrs. Yo lo haré. Y disfrutaré tanto como las veces anteriores. Es que con Weichafe no hay errores, sólo un ser tú mismo. ¿Qué puede salir mal si eres tú mismo? Weichafe la tiene clara al decir “Yo Soy Weichafe”.

PD: Revisando los archivos, me encuentro con otros texos weichaferos. Acá les dejo los links, por si los quieren re-ver:

sobre rock nacional un dieciocho: http://www1.fotolog.com/hecrock41/8654031 ;
show en vivo de fines de 2005: http://www1.fotolog.com/hecrock41/8654031 ;
Weichafe en la Sala Master: http://www1.fotolog.com/hecrock41/9580294 ;
comentario de Pena De Ti: http://www1.fotolog.com/hecrock41/9792005 ;
Weichafe en el Quieres Rock Vol 1: http://www1.fotolog.com/hecrock41/9929777 ;
comentario de Harto De Todo: http://www1.fotolog.com/hecrock41/10454810 ;
artículo de lanzamiento de Harto De Todo: http://www1.fotolog.com/hecrock41/10454810 ;
sobre el show de celebración de los 10 años: http://www1.fotolog.com/hecrock41/12491350

jueves, noviembre 01, 2007

Sobre el goce de tener el primer disco en nuestras manos.


He estado pensando mucho en mi travesía de vida, particularmente en los últimos 10 años, que han visto en mí tantas caídas como aciertos. Hace 10 años, incluso menos, hace unos 3 años, jamás me hubiese imaginado el tener un disco propio en mis manos. El primer disco, el que estamos mostrando en la foto que subo en esta ocasión, con la formación completa: yo, Marto, Pihuelo y Simao.

Tengo 26 años y, según lo que dicta el libro del “deber ser” de alguien que egresó del Instituto Nacional (particularmente, de un cuarto medio matemático), en este minuto debería haber estado titulado y trabajando en alguna empresa, como Ingeniero, haciendo mucha pero mucha plata, cambiándome de casa a un departamento top, comprándome auto del año, pensando en casarme y siendo “emprendedor y digno”. Los dos últimos años como un colegial fueron muy difíciles, y difícilmente puedo guardar un wen recuerdo del colegio. No tengo insignias pegadas en la mochila ni voy a los primeros días de clases a cantar ebrio el himno del colegio. Pero el puto colegio te planta ideas fijas en la cabeza.

Sin embargo (y por suerte), instintivamente, elegí el camino de la realización personal y la felicidad. A punta de tropezones y años perdidos tratando de seguir una carrera que mi “deber ser” me dictaba a seguir, mi vida a los 22 años se estaba volviendo una mierda. Tal como dice la letra de Powderfinger de Neil Young, “tenía 22 años y me preguntaba qué hacer”. Una crisis heavy, que me llevó a tomar la decisión de salirme de la Ingeniería que me carcomía el ser cada día y tomar un nuevo rumbo: periodismo. Partir de cero no es fácil, pero implica automáticamente limpiar el organismo, limpiar el alma y seguir lo que quieres hacer. Eso he estado haciendo desde hace ya cuatro años, con un montón de cambios entre medios. Entre ellos, Fother Muckers.

Es por eso que, al recibir nuestras copias del primer disco en nuestras manos el lunes recién pasado, se me vienen todas estas cosas en la mente. Es muy probable que estuviese escrito en alguna parte. Tenía que llegar a la Facultad de Comunicaciones para conocer al Pihuelo y a Simao y, con el tiempo, hacernos amigos y compartir de música todo el rato. Todo ese deambular de mi vida en esos 5 años después de haber salido del Instituto Nacional (salí en 1998!! :o) era necesario para poder volver a ser joven y poder vivir un adolescencia normal y en calma como nunca la tuve estando en la enseñanza media. Era necesario el ir viviendo y tropezándome para encontrar mi camino.

Y acá estamos: a más de tres años de entrar a periodismo en la UC y a más de dos años desde que nos formamos como Fother Muckers, hoy tenemos nuestro disco en las manos. No Soy Uno ya es una realidad y estará disponible muy pronto en tiendas. Ya empezamos toda la pega de promoción para el disco. Nos escucharán en radios con entrevistas y el primer single Tres Caras Largas, nos leerá en entrevistas en sitios especializados, nos verá en la tele en alguna fracción de segundo… todo eso es lo que conlleva este verdadero hito que es el primer disco. Y sólo queda disfrutarlo y seguir trabajando. Por ejemplo, ayer Pihuelo y Simao estuvieron en el programa Alta Fidelidad, en una hora de entrevista, hablando de lo humano y lo divino. Este viernes estaremos en Nación Rock&Pop también en entrevista y presentando nuestro single. Para hoy debería estar arriba la entrevista para Emol.com. Y así se suma y sigue.

Esto ya tiene un año: una muestra de las sesiones de grabación de No Soy Uno...


Hasta ahora, no me ha afectado la “depresión post-parto”, ese “y ahora, ¿qué?”, como le escuchaba al Pihuelo ayer en la Radio Zero. Aún con la sonrisa en el rostro, sigo disfrutando el hito. Es una de las cosas más importantes que me ha pasado en la vida y la seguiré disfrutando. Si no lo disfrutas, ¿de qué sirve? Quizás este disfrute mío esté obviamente filtrado por todos esos años de “fracasos” y de no obtener “logros”, pero por ahora eso no me preocupa. Sólo hay que gozarla.

Y tocar en vivo. Y mucho. Tocar en cada ocasión que se nos presente. Salir fuera de Santiago a tocar: el viernes pasado tocamos en el Piedra Feliz en Valparaíso, y ha sido un a de las mejores experiencias en vivo que hemos tenido como banda. Estamos cada vez más sólidos en la entrega y embaladísimos como siempre, y con cada vez mayor comunicación. Estamos encontrando nuestra manera de disposición como grupo frente a esas situaciones, y hemos llegado siempre a la misma idea: lo pasamos bien tocando y somos honestos arriba del escenario. Nada más que eso.

Ando prácticamente a mil por hora en la vida. Entre las clases (estoy en cuarto y hay que cumplir pa poder terminar la carrera, obviamente; me queda un año más), el programa de radio (La Bestia Rock, los lunes y viernes a las 11 pm por http://www.radiouc.cl )y las actividades con Fother Muckers (ensayos, reuniones, shows en vivo y demases), mi vida está copada de pega. Pero bajo ninguna circunstancia es pega incómoda y que me den ganas de dejarla, al contrario. Sigo ahí, disfrutando. Y no voy a dejar e disfrutar en ningún momento.

Estén atentos a las novedades. Sigan pasando por el MySpace, el fotoló y, próximamente, el sitio web oficial. Seguimos trabajando gustosos y tocando como Dios manda. Pasándolo bien tocando. Y con el primer hijo bajo el brazo. Un disco es como un hijo, cierto? Al menos la sonrisa en el rostro nos no la saca nadie.